La capacidad de establecer relaciones sociales y además reconocer y manejar las emociones, son cualidades que los niños van adquiriendo a medida que se desarrollan. Al igual que los estudios tienen un papel importante en la vida de nuestros hijos, el desarrollo afectivo también es un aspecto que necesita mucha atención, ya que influye en cómo van a responder a cada situación que se les presente.
Todos los niños desde que nacen sienten mucha curiosidad por conocer su entorno, considerándose una tendencia innata que se manifiesta de distintas formas, siendo estas particulares de cada individuo, ya que, dependiendo de aspectos como la crianza, el entorno familiar y social, va a desarrollar una manera de acercarse a lo que le rodea.
Es por ello que cuando escuches hablar del desarrollo afectivo, puedes entenderlo como un proceso a través del cual los niños van estableciendo afectos y descubriendo formas de vivir y enfrentarse a su entorno. Se trata de un descubrimiento continuo y complejo de la forma en cómo se relacionará con el mundo.
Impacto del desarrollo afectivo en el crecimiento de los niños
La forma en la que los niños gestionan sus emociones, determina su capacidad para establecer relaciones sociales. Si tu hijo se siente inseguro, le cuesta transmitir sus sentimientos o incluso entenderlos, puede que se le dificulte acercarse a los demás, puesto que quizás no se sienta parte su entorno o se sienta incomprendido.
Así de grande es la magnitud del impacto del desarrollo afectivo, por eso es tan importante guiar a los niños, para que en ese proceso de descubrimiento no se conciban emociones negativas que puedan perjudicar sus relaciones sociales. En este sentido, el adulto sirve como un orientador, pero no impone ningún tipo de emoción en los niños.
Estos, a medida que observan su entorno, van creando ideas de cómo reaccionar ante estímulos externos donde el adulto interviene para enseñar la razón de esas respuestas.

¿Cómo gestionar el desarrollo afectivo de los niños?
Aunque el descubrimiento de cómo gestionar las emociones corresponda a un proceso propio del niño en el que los padres sirven como guía, existen formas de trabajar su inteligencia emocional, incluso comportamientos que pueden influir en el desarrollo de su personalidad.
Asociar emociones con gestos específicos: Acompañar las emociones con gestos y a su vez exagerarlos, es una excelente manera de ayudar a los niños a reconocer las emociones que están sintiendo. Otra forma igual de efectiva es que, al leer un cuento o ver un programa, se puede hablar sobre el sentimiento que está reflejando cada personaje y la razón de su manifestación.
Otorgarle un nombre a sus propios sentimientos: Enseñar el nombre de cada sentimiento y que puedan reconocer cuándo lo están sintiendo, es un punto clave en ese proceso de interactuar con su entorno. Tal vez has podido percibir en tus hijos que a veces les preguntas cómo se sienten y pueden estar confundidos acerca de si su sentir se trata de algo alegre, triste o de disgusto. Este comportamiento es normal, ellos están descubriendo qué significa cada emoción, sin embargo, una buena manera de guiar ese proceso es preguntarle con frecuencia cómo se sienten y ayudarlo a entender sus sentimientos.
No juzgar sus sentimientos y ser un ejemplo para ellos: Como padre, la forma en cómo reaccionas a tu entorno se convierte en un ejemplo para tu hijo, por eso es importante cuidar la manera en la que expresas tus emociones. Por otra parte, es valioso que nunca juzgues los sentimientos de tus hijos, no cometas el error de decir frases como “no llores, no pasa nada”, esto genera en ellos limitaciones al momento de manifestar alguna emoción, puesto que creen que está mal.