El tiempo es cada vez más cálido y se acercan los calurosos días de verano. ¿Qué mejor manera de pasar los días con nuestros bebés que en la piscina o en la playa? Nadar es una forma estupenda de que nuestros bebés se refresquen, se diviertan y ejerciten los músculos. Pero, por desgracia, el ahogamiento es una de las principales causas de muerte en niños menores de cinco años. Por eso, cuando salimos al agua, es importante hablar de las medidas de seguridad que debemos tomar para proteger a nuestros pequeños.
Los peligros del ahogamiento
Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el ahogamiento es la tercera causa principal de muerte por lesiones no intencionadas en España y la primera causa de muerte en niños de uno a cuatro años. Muchos padres creen que si un niño es buen nadador no hay por qué preocuparse. Sin embargo, el INE informa de que el 37% de los niños en edad preescolar que se ahogan lo hacen en una piscina, mientras que el 29% se ahoga en ríos, lagos o pantanos.
Sólo hacen falta unos instantes para que un niño se ahogue, y puede ocurrir en silencio. Por desgracia, no todos los ahogamientos se producen en piscinas o zonas de vadeo públicas. Las bañeras, los jacuzzis domésticos e incluso los cubos de baño suponen un riesgo para los bebés y los niños pequeños.
Precauciones de seguridad en el agua
Afortunadamente, como padres podemos hacer muchas cosas para evitar los ahogamientos. El primer paso es asegurarnos de que estamos lo bastante cerca de nuestro hijo como para vigilarlo. No debemos confiar en los flotadores ni en los chalecos salvavidas; deben considerarse un apoyo y no un sustituto de la supervisión cercana. Si estamos en casa de un amigo o en una piscina comunitaria, debemos asegurarnos de que haya un socorrista titulado.
Para la piscina privada, una de las mejores formas de mantener a salvo a nuestros pequeños es instalar una verja alrededor de la piscina. Esta verja debe tener al menos metro y medio de altura y debe ser de cierre y bloqueo automáticos. Debemos mantener los juguetes y flotadores fuera del alcance de nuestros bebés y niños pequeños. Y, por supuesto, asegurarnos siempre de que sabemos hacer la reanimación cardiopulmonar en caso de emergencia.
Cuando vayamos a la playa, debemos asegurarnos de estar cerca de un socorrista, si es posible. Siempre debemos vigilar de cerca a nuestros pequeños y asegurarnos de que no se los lleva una corriente fuerte. Si vamos a un lago o a un río, es importante que conozcamos la zona donde vamos a nadar. Tampoco debemos dejar nunca a nuestro bebé o niño pequeño solo cerca o dentro del agua.
Enseñar a nadar a nuestros bebés
Enseñar a nuestros pequeños a estar seguros en el agua puede evitar ahogamientos accidentales. Los niños de entre tres y cuatro años suelen saber saltar al agua, flotar y hacer algunos movimientos básicos. La mayoría de los pediatras recomiendan que los niños reciban clases de natación a partir de los seis meses.
Siempre debemos hacer que las sesiones de natación sean divertidas para nuestros pequeños. Podemos hacer juegos para que sea agradable y ayudar a nuestros pequeños a aprender a buscar y tener cuidado con los peligros de tropiezo en el agua. Aunque le hayamos quitado el chaleco salvavidas, debemos vigilar de cerca a nuestros pequeños mientras practican en el agua.
La natación es una actividad estupenda para toda la familia. ayuda a nuestros pequeños a mantenerse activos, refrescarse y divertirse. Con las precauciones adecuadas, podemos disfrutar de los meses de verano con nuestros pequeños.