Son las siete de la mañana y comienzan a llegar los primeros peques a la escuela.
Algunos llegan con tanto sueño que prefieren dormir un ratito y desayunar más tarde. A otros en cambio hay que esperarlos con el bibe preparado porque no podrían dormir ni cinco minutos sin su desayuno.
Siguen llegando pequeños madrugadores al cole.
Son las 7.45 y hay que preparar los desayunos. A Pablo le gusta el bibe poco caliente. María ya no quiere bibe y prefiere papilla. Rocío y Manuel ya toman su vaso de leche con galletas… ¡Qué mayores se están haciendo!
El reloj marca las 8.30. Y cada vez llegan más niños a la escuela. Los recibimos, les damos los buenos días. La mamá de Juan nos cuenta al dejarlo que se ha pasado media noche bailando en la cuna porque no tenía sueño. El papá de Andrea, que le ha costado mucho trabajo despertarla esta mañana y que casi no ha querido desayunar. Javier ha tirado esta mañana la leche al suelo y mamá venía triste, pero le da un cariñoso beso y se marcha a trabajar.
Ya son las 9 y mientras recibimos a los pequeños, algunas profes se encargan de sacar agendas de las mochilas y revisarlas por si hay alguna nota de papá o mamá. Colocan los abrigos en las perchas, sacan los vasitos de agua… Y llegó la hora de empezar a trabajar.
A las 9.15 de la mañana se escuchan desde el pasillo de la escuela la canción de “buenos días” y cómo van preguntando a los niños quién está en clase y qué compañeros están en casa.
¿Qué día es hoy? ¿Miramos por la ventana a ver qué tiempo hay?- preguntan en las clases bajo la atenta mirada de los niños. Y comienzan las respuestas.
La profesora canta y explica con paciencia infinita qué actividades harán a lo largo de la mañana.
Hoy es martes y toca clase de música. Ayer lo pasaron genial en la clase de psicomotricidad, y lo pasarán igual de bien en inglés, en murales, pintando… pero hoy es martes.
La profe saca el altavoz y se escucha un piano.
-¿Qué instrumento suena?- pregunta. Mientras los peques mueven los deditos como si tocaran un piano, la profe les explica que la canción se llama “Para Elisa” y que es una obra de un señor que vivió hace muuuucho muuuuucho tiempo y que se llamaba Beethoven.
Acaba la canción y la profe ya tiene la caja de los instrumentos para repartirlos entre los niños. Los pequeños se alborotan y dan palmas.
Ahora tocaremos despacito- les dice mientras marca el ritmo con un pandero. Más rápido- indica después. ¡Flojito!, ¡más fuerte!… y así se va sucediendo la clase.
Ha terminado la clase de música y hay que ir al aseo antes de salir al patio. Algunos llevan pañal, pero ya llegará el momento de quitarlo. Cada niño tiene su ritmo- piensa la profe mientras cambia los pañales a los peques de clase.
La profe coloca cuidadosamente los abrigos por el suelo de toda la clase, y a la orden de preparados, listos, ya, todos corren a por su abrigo y dándole un giro en el aire se lo colocan con soltura. Llevan mucho tiempo practicando, pero ya les sale fenomenal. Los alumnos más pequeños, esperan que la profe les ponga el abrigo y con un beso en la frente les diga que se pongan en fila.
Salen ordenados por el pasillo. Agarraditos del babi para no romper la fila. Y cuando se acercan a la puerta ves como sus piececitos ya están ansiosos por salir a correr y empiezan a dar saltitos y a soltarse del “tren”.
Se abre la puerta y toca jugar.
Unos prefieren el tobogán, otros la casita, las motos, las pelotas…
Antes de que se cansen ya ha pasado media hora y toca colocarse en fila para volver a clase.
Es el momento de quitarse el abrigo, lavarse las manos y sentarse de nuevo en asamblea para beber agua.
La profe cantará y contará cuentos para que se relajen antes de comer.
Y cuando llega la hora de repartir los baberos, se van a su mesita y esperan pacientes que llegue la comida. Unos más pacientes que otros, claro.
-¡Bieeeeennnn!- gritan a coro los peques cuando llega la comida.
A algunos amigos les cuesta un poquito más comer que a otros. Pero pronto aprenderán que comer es un placer. La profe se lo mostrará.
Están acabando el postre y a algunos ya se les cierran los ojitos. Así que es el momento de lavarse y hacer pis.
Las camitas ya están colocadas con la foto de cada peque para que cuando salgan del aseo, la busquen y se sienten a quitarse los zapatos.
Los más chiquitines esperan ansiosos a que les cambien el pañal y los acuesten en la cunita.
Y se hace el silencio. Solo roto por una nana que suena de fondo y por algún amigo enfadado que de forma ocasional no quiere dormir.
Y tras la siesta vuelve el bullicio.
Las risas, las canciones, el aseo, beber agua…
Algunos compañeros se marchan a casa y se despiden hasta el día siguiente de los amiguitos. Otros van a merendar y a jugar un ratito más antes de que los recojan.
-¡¡Hasta mañana profe!!- dice Saúl con una sonrisa.
Hasta que la escuela se queda en silencio hasta la mañana del día siguiente.
¡Qué divertido un día en la escuela!, hemos reído, jugado, aprendido muchas cosas y comido como campeones. Pero ahora toca descansar para venir mañana con energía desbordante!!





